"Los Jackies Olvidados" Colaboración Especial de Patty War

"Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad." Martin Luther King

 

(CDMX, 15/04/2018) racismo en los Estados Unidos no es cosa de risa ni de chistes de mal gusto. Se trata de un estigma que ha lastimado a la sociedad norteamericana durante mucho tiempo. En el béisbol hay una larga historia de segregación que empezó a cambiar cuando llegó Jackie Robinson a los Dodgers de Brooklyn en 1947, con su espectacular forma de jugar, pero sobre todo con su capacidad para tolerar el trato indigno que recibió tanto de los aficionados racistas, como de otros peloteros. En su honor nadie más podrá utilizar el número 42 en ningún equipo de grandes ligas.


La lucha de Jackie Robinson merece el respeto de todo el que use un uniforme de béisbol porque toleró mucho más de lo que seguramente usted y yo seríamos capaces de soportar. Cuando Branch Rickey lo contrató hicieron un pacto de caballeros, pues era casi obvio lo que vendría tras su aparición en el line up de los Dodgers. Rickey necesitaba un jugador negro que tuviera las agallas suficientes para no contestar las afrentas y así fue. Jackie nunca respondió a las provocaciones. Mientras más lo molestaban, mejor jugaba.


Tuvo que sobrellevar que le arrojaran cáscaras de plátano de las gradas, que cátchers le escupieran en los zapatos, que se barrieran con los spikes por delante, que los pitchers le tiraran a la cabeza, que le enviaran cartas de odio, amenazas de muerte, etc. Cuando jugaba de visitante, no podía hospedarse en los mismos hoteles que sus compañeros, ni comer en los mismos lugares. En esa época, por increíble que nos parezca, estaba prohibido que negros y blancos se sentaran juntos a la mesa en un restaurante. De hecho así fue en muchos estados hasta los años 60 del siglo XX.

 

Sin embargo, en la tradición de celebrar a Jackie Robinson el 15 de abril de cada año, la MLB olvida que poco tiempo después de él, otros peloteros le siguieron. Casi nadie recuerda que apenas tres meses después del debut de Jackie con los Dodgers, los Indios de Cleveland contrataron a Larry Doby, quien se convirtió en el primer jugador negro en la Liga Americana. Miembro del Salón de la Fama, siete veces llamado al Juego de Estrellas, gran jardinero que contribuyó a que los Indios ganaran la Serie Mundial en 1948. Hazaña que no han repetido.

 

Una vez rota la barrera del color en ambas ligas, poco a poco los equipos fueron incorporando jugadores negros a sus rosters. Tomó doce años a partir de Robinson para que todos los equipos de MLB tuvieran al menos un jugador de color. La última franquicia en ceder fue la de los Medias Rojas de Boston, que en 1959 incluyeron en su roster al segunda base Elijah "Pumpsie" Green. Lastimosamente, su debut se debió a que las prácticas de contratación del equipo habían sido cuestionadas por la Comisión Anti Discriminación de Massachusetts.

 

Casi veinte años después del debut de Jackie Robinson, un alto y atlético personaje llegó a MLB. Era el 9 de abril de 1966, en un juego inaugural en Washington. Emmet Ashford se convirtió en el primer umpire negro de la historia de ligas mayores. Un tipo de gran carisma, que tenía una voz potente y que corría alegremente a tomar su posición en el diamante, Ashford fue muy popular por su estilo teatral y respetado por compañeros, jugadores y managers.

 

Recordar a Robinson está bien, pero no se debe olvidar a Doby, a Green, a Ashford y sobre todo a los peloteros de color que entre 1947 y 1959 sufrieron discriminación y vejaciones sin que sus nombres o sus números sean recordados el 15 de abril de cada año.


Se reciben saludos, comentarios y denostaciones en @afi_escarlata ¡Manifiéstense queridos lectores!

Patricia Guerra Frese



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