"Hace 111 años" Colaboración Especial de Patty War

Corrían los carros llenos de curiosos por el arbolado Paseo de la Reforma, la mayoría provenientes de las colonias más bellas, como la Roma, la Nueva Bella Vista y la San Rafael. En su recorrido había una casona por aquí, otra por allá, aunque predominaba el paisaje de llanos y tierras de cultivo de las haciendas Anzures y la Teja. A lo lejos, el Cerro de Chapultepec y su Castillo, morada presidencial desde donde se veía y se escuchaba todo lo que pasaba.


El diario El Imparcial había pronosticado buen tiempo para ese martes 12 de marzo de 1907, por lo que nada amenazaba al anunciado espectáculo deportivo que se llevaría a cabo a partir de las 3:30 PM en el Reforma Athletic Club. Se anunciaba a los campeones del mundo, nada menos ¿De qué? De un deporte norteamericano un tanto desconocido en sociedad, pero que se practicaba en fábricas y colegios desde hacía un par de décadas y que tenía en la Ciudad de México una pequeña liga de cuatro equipos: el beisbol.

 

Por supuesto que el Excelentísimo Señor Presidente, General Porfirio Díaz Mori estaba invitado al evento, pero el oaxaqueño decidió no asistir y en su nombre envió al Vicepresidente Ramón Corral, un aficionado a todo lo que era norteamericano. Tal vez Don Porfirio declinó para no exponerse al escarnio público tras los ominosos hechos de Río Blanco, acontecidos hacía apenas dos meses. Ya usted sabe, unos que mataron en caliente.

 

“Las maravillas sin bateo”, como se llamaba a los Medias Blancas de Chicago de Charles Comiskey, llegaron con 27 horas de retraso a la estación del tren de Buenavista. En consecuencia, no hubo comité de recepción y de ahí se trasladaron al parque de pelota para enfrentar a los campeones de la liga local, el Club de Beisbol Récord.

 

Viajaron cuatro días en tren para hacer su entrenamiento de primavera en la Ciudad de México y se convirtieron así en el primer equipo de grandes ligas que jugó en Latinoamérica. Se programaron siete juegos de martes a domingo contra distintos equipos locales y entre esuadras. El precio de las entradas iba desde los 50 centavos en bleachers hasta 2 pesos en gradas y vaya que hubo interés. El lugar, que no tenía gran aforo, se llenó con cerca de 1,000 aficionados.

 

Entre los asistentes no faltaron graciosas señoritas provenientes de las mejores familias, que acompañadas por sus padres y hermanos, engalanaron la ocasión. Provistas de grandes sombreros de plumas y sombrillas, sus trajes lucían encajes de guipure y canesú, además de gasa de seda azul y tules de Irlanda. Se vio por ejemplo a Doña Carmen Román Zuloaga, acompañada de su padre y de su prometido Archibaldo Burns Moreno, quien era un gran aficionado al beisbol.

 

El juego, que duró solamente 1:40 terminó en paliza. Los White Sox derrotaron a los Récord 12-2. El pitcher mexicano Lucas el “Indio” Juárez (futuro Salón de la Fama del Beisbol Mexicano) lanzó toda la ruta, cedió 13 hits y 12 carreras, de las cuales solamente 5 fueron limpias, pues los locales cometieron seis pecados a la defensiva. La serpentina de Juárez sorprendió tanto a Charles Comiskey con su pronunciada curva y velocidad, que quiso firmarlo apenas terminó el juego. Lamentablemente Juárez, que era iletrado, rechazó la oferta y con ella la oportunidad de irse a grandes ligas.

 

Otro pelotero que sorprendió al inquieto Comiskey fue Genaro Casas, otro Salón de la Fama, originario de Coahuila, jugaba con el equipo de Tacubaya, formado en su mayoría por alumnos del Colegio Williams que en ese entonces se encontraba en ese barrio. Él sí se fue a Estados Unidos y jugó en ligas menores hasta 1910.

 

Así fue como los mexicanos nos estrenamos como anfitriones de equipos de MLB hace 112 años.



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