"Estrellas Del Béisbol" de Héctor Barrios Fernández

La decisión de cobrar una tarifa no fue por el deseo de ganar dinero para los clubes o pagar a los jugadores, sino simplemente cubrir los costos derivados de organizar el encuentro. De hecho, cualquier utilidad derivada de la serie de tres juegos, fue donada a un orfanato de New York y al Departamento de Bomberos de Brooklyn. Pero esta serie de tres juegos sirvió para darse cuenta de que la gente estaba dispuesta a pagar por presenciar un juego de béisbol.



William Cammeyer fue el primero en aprovechar plenamente esta nueva modalidad. En 1861, Cammeyer compró una propiedad en la sección de Brooklyn llamada Williamsburg y abrió el Union Skating Grounds, una pista de patinaje cerrada, en un esfuerzo por generar ingresos durante todo el año. Convirtió la pista en un campo de béisbol para los meses de primavera y verano. Construyó graderíos con amplio alojamiento para las damas, de acuerdo con el periódico “The Brooklyn Eagle.” Mientras tanto los apostadores fueron a una sección especialmente creada para ellos.


Una barda de ocho pies de altura rodeaba el campo de juego y unos vestidores fueron construidos para albergar a tres equipos. Dada la alta calidad del “Union Grounds” en comparación a los otros campos existentes en esos días, los clubes Eckford, Putnam y Constellation, acordaron que sus juegos de casa, serían jugados en ese parque.


Terminado en la primavera de 1862, el nuevo parque de béisbol fue el escenario de un juego de exhibición, el 15 de mayo, presentando jugadores de los tres equipos residentes.


Antes de este histórico encuentro, por primera vez se entonó el Himno Nacional.


Cammeyer no cobró por la admisión en este juego inaugural, esperando atraer a los aficionados y que conocieran el nuevo estadio. Después de eso, la entrada al estadio costó 10 centavos y más tarde fue incrementada a 25 centavos.

 

Para la siguiente década, parques cerrados aparecieron desde Brooklyn hasta Filadelfia, de Washington, D. C. a Cincinnati y san Louis. Después del Union Grounds, apareció el Capitoline Grounds, (Monte Capitolino) el cual abrió sus puertas en el vecindario Bedford de Brooklyn en 1864. Nombrado así por una de las Siete Colinas de Roma.


El estadio ofrecía asientos en el graderío, establos para los caballos de los asistentes, el equivalente a los estacionamientos de los automóviles hoy en día, además contaba con vestidores para los jugadores. Al igual que el Union Grounds, también funcionaba como pista de patinaje en los meses de invierno.


El club Atlantic de Brooklyn, campeones de la National Association Base Ball Players (NABBP) de 1859 a 1861, fueron los primeros entenados del Capitoline Ground. Los Atlantics derrotaron a un equipo de estrellas compuesto por jugadores de los demás equipos de Brooklyn, seleccionados por el escritor deportivo Henry Chadwick, en el partido jugado para inaugurar el estadio. Los Atlantics se adjudicaron otro campeonato ese año. El equipo “Enterprise” compartió las instalaciones con los Atlantics en 1864 y los Excelsiors se sumaron en 1866.


Entre los juegos de alto perfil jugados en el Capitoline Grounds, está uno de final de temporada entre los Atlantics y los Atléticos de Filadelfia en el otoño de 1865. El New York Tribune reportó que, entre 15 000 a 18 000 aficionados asistieron a ese juego, el encuentro “creó más emoción en el mundo del béisbol que ningún otro juego de la temporada.” Brooklyn ganó con un emocionante final de 27 a 24.


Al siguiente año, los mismos equipos se enfrentaron por el campeonato de la liga en el Athletic Park en Filadelfia. El boleto de entrada costó la elevada suma de 1 dólar, aún así asistieron cerca de 20 000 espectadores. Muchas personas prefirieron asentarse en una colina cercana para, desde ese lugar ver el partido gratis.

 

En junio de 1870, el Capitoline Grounds fue el sito de otra épica batalla, cuando los Atlantics recibieron a los Cincinnati Red Stockings. El club de Cincinnati había sido el equipo dominante en todo el país, acumulando una racha ganadora que abarcaba más de 80 juegos. Jugando ante un lleno cercano a los 15 000 espectadores en el Capitoline, los Atlantics remataron a los poderosos Red Stockings de una manera dramática por anotación de 8-7 en 11 innings.


Mientras el “Brooklyn Eagle” llamó a este juego “el juego más grande jamás jugado entre los más grandes equipos que jamás hayan jugado,” se destacó otro punto que traería otra revolución en el béisbol, aunque esto ya se había encendido 12 años antes en el “Fashion Race Course,” precisamente el juego de estrellas entre New York y Brooklyn. Una vez más los aficionados habían mostrado su disponibilidad de pagar dinero para ver un juego de béisbol.


Los ingresos generados podían no solamente cargar con los gastos de nuevos parques de pelota, sino que también podían usarse para pagar jugadores.


Los Medias Rojas de Cincinnati (Cincinnati Red Stockings) fueron abiertamente el primer equipo profesional y ellos habían claramente demostrado que esta práctica se podía emplear para atraer con un cheque, a los jugadores de élite.


Los jugadores de los Atlantics, también recibieron parte de las ganancias que generaron las entradas en el juego contra los Red Stockings en 1870. Los dueños de los equipos estaban determinados a mantener el béisbol, al menos en la superficie, como un deporte amateur, sin embargo rápidamente fueron perdiendo terreno contra los que vieron los beneficios de hacer del béisbol profesional una actividad empresarial.


Aunque el establecimiento de una liga profesional tardó más de una década, el juego de estrellas en el Fashion Race Course el 20 de julio de 1858, fue el punto de referencia que marcó el momento que alteraría por siempre el lugar que tiene el juego del béisbol dentro de la sociedad.


La aparición de la modalidad de pagar la admisión a los juegos no solamente puso al deporte en el camino al profesionalismo, sino que también incitó a la construcción de lujosos parques de pelota, esto continuó por el resto de ese siglo y hasta nuestros días.


La relativa comodidad de aquellas permanentes estructuras de madera, combinado con el pago de una tarifa por entrar a ver los juegos, sirvieron para mantener a la “gentuza” afuera de los estadios y hacer del juego un evento más familiar y más amigable.
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