"Mea Culpa, Toro Bravo y Arrogante"

Alegría desencadenada o fracaso, pudiera ser el epílogo de una novela, de algo que ya habíamos adelantado en este espacio sobre los Toros de Tijuana.



A toro pasado todo mundo queda como un sabio, así no tiene chiste escribir, pero bueno, hay que ver qué se hizo bien y qué cosas no funcionaron a lo largo de la temporada, en otras palabras, aciertos y errores de los hombres de pantalón largo, en este caso de Jorge Campillo, el pilar de la directiva y cerebro de toda la organización, en quien recayó toda la responsabilidad de armar un equipo peleador y competitivo, que lo fue al principio y posteriormente entró de panzazo, pero muy caliente a los play offs.


Campillo ya había tenido un año de fogueo, y si bien es cierto lo atacamos peor que al Cid Campeador resistió a tambor batiente las críticas sobre un toro que ya iba directo a los corrales por su falta de trapío, y emergió como un toro de lidia, bravo y arrogante.


Lo que quiero decir y dejar muy claro, es que hubo equivocaciones, pero se corrigieron a tiempo, y de Jorge Campillo todos los jugadores, aficionados y periodistas aprendimos cosas de él, su sistema, sueños, los días de desesperanza y su nobleza de nunca darse por vencido y tampoco de responder a los ataques sobre que Toros eran un equipo viejo y cansado y, de que contrataban a puro cartucho quemado; él dejo fluir las cosas, porque siempre tuvo confianza en su proyecto, sin embargo, cómo iban a embestir los Toros con la Vieja Hernandez, Bernie Heras, Rodrigo Aguirre, el Torito Valenzuela, Adan Amezcua, Peque Valdez, Miguel Ruiz, Fernando Villalobos, el Chorejas Hernandez por favor, ese era un equipo de Liga Norte que ni siquiera pudo ganarle a los Centinelas de Mexicali.


Y como dicen en el Inegi, alguien tiene que contarlo.


Recuerdo cuando los Toros presentaron a Eddie Díaz como el inventor del beisbol que llegaba a la frontera norte a vender espejitos, no ofreció resultados y por eso se le despidió.


El apodado El Comandante sumaba un fracaso más en el beisbol de verano, le dieron el timón a Juan Gabriel Castro y las cosas dieron un giro de 360 grados, ya los peloteros podían aparecer en escena, dado que Díaz quería tener siempre el papel protagónico, otro acierto fue sostener a Barry Enright cuando el barba roja daba tumbos en sus primeras aperturas, después fue el baluarte para derrotar al diablo en el mismo infierno. hasta que llegó a su destino final, la búsqueda del campeonato.


Después llegaron Guadalupe Chávez, Maxwell León, Favio Castro, Dustin Martin y Lou Ford que en postemporada inició como una patineta, pero tiene un cierre de un costoso Ferrari. Ah, pero qué lío cuando fildea.

Cuando el equipo cerró a gran ritmo la temporada y eliminó en el juego extra a los Vaqueros de Torreón, mucha gente le dio crédito a la labor realizada por Mike Easler, un instructor de grandes ligas que convenció con su sistema, al cambiar la mentalidad y el swing de los jugadores, ya pocos se acordaban de Yuniesky Betancourt que fue un petardo, al igual que Terrance Marin y un Roman Peña Zonta que no pudo ser profeta en su tierra.


Otros ajustes fue quitar de tercera base al coach Julio de Paula y poner al Buzo Guzmán que estaba siendo desaprovechado en el dugout, luego de un exitoso invierno en Culiacan.


Por motivos del fallecimiento de mi señora madre, no pude asistir al Gasmart cuando los Toros pasaron sobre los Diablos y el propio cadáver de Roberto Mansur, ya me imagino la alegría de Alberto Uribe, finalmente había vencido al mecenas de la LMB en la serie del ego y del poder.


Y como nos dijo un lector aquí en Esperanza, Sonora, la historia tiene muchos errores y hay una bola de mentirosos, pero esta sí fue real y hay un gozo especial, pues no es lo mismo ganarle a Vaqueros que a los Diablos, el superlíder de la competencia, el campeón, el trabuco del todopoderoso, la famosa máquina roja que pudo haber llegado más lejos si Miguel Ojeda en el juego decisivo jala por Sergio Omar Gastélum a batear por el ascendente Ramon Urias, que no deja de ser una promesa, pero al fin y al cabo novato que fue dominado fácilmente por el experimentado Mario Mendoza Jr. que lució imponente en un relevo de orejas y rabo.


Sinceramente, Gastelum era el emergente ideal para traer la carrera del empate, empero Ojeda ni cuenta se dio que tenia un as bajo la manga, ni siquiera un zurdo que jalara para su mano. Ahí entendí que el Negro de Guaymas va bien en su formación de timonel, pero le falta mucho para llenar los spikes del legendario Cananea Reyes.


Mención aparte merece Maurico Suárez , el jugador favorito de Campillo junto con Oscar Robles, ya nos debía una, y vaya forma de sacarse la espina, qué digo espina, estocada mortal fue la que le metió al demonio que regresaba moribundo de la frontera norte, y mientras los pingos disparaban 5 jonrones, un solo batazo suyo bastó para mandarlos al averno.


Me informan que la gente ya anda loca en Tijuana, en tanto que yo devoro kilómetros para llegar a verlos contra Monclova, la fanaticada se va a desbordar y no va a caber en el estadio. La tirada es fundir el acero, aguas, mejor no hay que adelantar vísperas.


En Guadalajara ya no huele a tierra mojada, mucho menos a chiva parida, huele a Charros de Jalisco y se palpa un gran ambiente por la cercanía de la nueva temporada, y en algunos sectores de esta gran ciudad, observé varios espectaculares donde agradecen el apoyo de la afición con una gigantesca foto de Leo Heras. Qué ya tienen al Cacao, qué a Armando Reynoso, porque Sid Monge desea tomarse un invierno sabático, qué Manny Rodríguez es un peloterazo, cosa que no dudamos, pero los play offs son otra cosa, sino pregúntenle a Japhet Amador que pudo despertar hasta que llegó Mario y puso a todo mundo a gozar, pero por favor ya no metan al santito Dennis Reyes, ¿por qué santito tío?, me dijo la hermosa Andrea, porque cuando entra, todo mundo se pone a rezar... CATCH THE FEVER.



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