Al Bat

Va otro SOS

Hay cosas que no tienen explicación.


Y, en nuestra función/rol como periodista/comunicador, es nuestra responsabilidad preguntar, plantear, evidenciar y tratar de encontrar respuesta a asuntos de interés público, especialmente hablando de la familia beisbolera y el deporte en general.

 

1.- La terrible tardanza en el traslado de la estatua de Héctor Espino al Estadio Sonora. En tanto, la escultura del personaje, emblemático del béisbol mexicano –y de Naranjeros de Hermosillo en particular en la Liga Mexicana del Pacífico—sigue en total abandono y vandalizada al ubicarse en un sitio desolado y sin vigilancia.

 

Qué insulto/falta de respeto a esa investidura, al béisbol y la afición.

 

¿Quién va a solucionar este asunto...?

 

2.- La falta de valoración de funcionarios los responsables de definir y decidir las nomenclaturas en cada municipio para ponerle nombre a calles y avenidas a grandes protagonistas del béisbol amateur y profesional, incluso miembros de salones de la fama.

 

Son contados los casos aquí en nuestra entidad y prácticamente en lo que resta del país.

 

Al respecto, urge se tomen cartas en el asunto en cada Cabildo. No es concebible lo que sucede. Manos a la obra, que nunca es tarde para empezar.

 

3.- La ausencia de protección social al pelotero profesional mexicano, un tema que pareciera el cuento de nunca acabar a pesar de la persistencia y convocatoria generalizada que permita –mediante la Ley Federal de Trabajo, favorecer a los jugadores en el activo y el retiro.

 

Persiste en los circuitos de ese nivel el olvido a tan decisivo renglón para la vida –especialmente en su retiro—de quienes trabajan todo el año en ese pasatiempo.

 

Debe haber estrategias y definiciones/acciones para solucionar tan grave problema.

 

Un fideicomiso, una asociación, un sindicato, entre otras opciones, podrían ser opciones viables.

 

Y, sin duda, la organización del propio pelotero será vital para encontrar respuesta a alguna de esas alternativas planteadas.

 

4.- La falta de un proyecto enaltecedor del área verde y recreativa del Estadio Héctor Espino, incluyéndose en esa acción al propio histórico escenario donde se encuentra las oficinas generales del Club Naranjeros de Hermosillo.

 

La ciudadanía en general y en especial los aficionados y la mayoría de los cronistas deportivos lamentan esta situación, sobre todo cuando se sabe de la carencia de espacios de esta naturaleza en la capital sonorense.

Destruir un inmueble, considerado histórico, no será la solución.

 

5.- También resulta inconcebible que en nuestras plazas de gran tradición e historia de béisbol no existan Museos dedicados a preservar y honrar en el tiempo la memoria de sus grandes protagonistas que construyeron con su talento, entrega, capacidad y denodado esfuerzo el devenir enriquecedor de este deporte.

 

Sabemos que muy bien podrían abrirse recintos de ese tipo en diversas localidades con aportaciones de coleccionistas, aficionados y quienes practican o fueron parte del pasatiempo.

 

6.- El proyecto oficial de la Comisión del Deporte en el Estado de Sonora (Codeson) de rehabilitar, remodelar, instaurar, etc., al edificio que alberga el Salón de la Fama del Deportista Sonorense... es sólo eso: una gran promesa.

 

Pasa el tiempo... y nada de nada.

 

Ni se remodela/restaura, ni tampoco se presenta la maqueta de lo que puede ser el inmueble.

Mucho menos.

 

Mientras eso pasa, el edificio y sus acervos históricos –placas, trofeos y fotografías--, cada vez más olvidados y guardados como archivos porque nadie los aprecia y menos se difunde del por qué están ahí.

Triste situación.

 

¿Qué más?



.

Creada Por: Solo Béisbol México®. Valido XHTML y CSS.