Al Bat

Lo que me gusta y no del Béisbol

Acá entre nos: le diré que no me gusta ver tatuados a los peloteros; sea en los brazos, antebrazos y espalda.


Cada quien su mundo, claro.

 

Pero uno no se acostumbra a verlos así.

 

Fue igual a cuando hace ya algunos años para nada estaba de acuerdo en que las gorras de béisbol se usaran al revés.

 

Pero, ya vio.

 

La fuerza de la costumbre hoy me hace verlo de forma normal.

 

En cambio, sí me agrada ver a los peloteros con su barba y pelo largo –ni modo, colega Juan Pueblo (Vené)—y, esto, desde la época de los años 70´s a partir de aquellos famosos bigotones y melenudos Atléticos de Oakland. Claro, ahí estaba Reggie, ni modo que no, dirá mi compadre.

 

Una ocasión, me parece que en 1972, fuimos los Búhos de la Universidad de Sonora a jugar a Baviácora y cuando salté al terreno de juego hacia el jardín con mi pelo largo cayendo por atrás de mi gorra, ni se imagina todos los gritos y cosas que me dijeron los de la grada.

 

Ya en el béisbol de Veracruz, no traía pelo largo, pero si barba abultada y verá que allá los paisanos nunca dijeron nada.

 

Ah, algo que rechazo totalmente: que el pelotero esté escupiendo cuando es entrevistado por algún colega, y con mayor razón si es mujer. Falta de respeto y caballerosidad.

 

Bueno, no necesito decirle cuánto rechazo el ver los uniformes de los peloteros tapizados con publicidad.

 

Previo a la temporada, ya sabe usted, las y los modelos presentan a los uniformes con tanta pulcritud, que uno se la cree.

 

Y es que ya en el inicio de temporada, uff!, jerseys y pantalones, ¡llenos de parches mercantiles!

 

Qué ofensa/falta de respeto al propio pelotero, al béisbol, la afición y al espectáculo.

 

Signos de nuestros tiempos.

 

JORGE EBRO:

Faltará José Fernández, pero la ola de peloteros cubanos en Grandes parece continuar en marea alta, al punto que este 2017 pudiera ver roto el record de nacidos en la mayor de las Antillas dentro del mejor béisbol del mundo.

 

De no haber sido porque los Bravos no le regularon un minuto de juego a Ronnier Mustelier en la temporada pasada, los cubanos hubieran rebasado la marca de 30 en el principal circuito de los Estados Unidos.

 

Mustelier, quien fue ascendido al equipo grande de Atlanta, se quedó con las ganas y Cuba a nada de implantar una cifra histórica que pudiera ser derribada entre los ya establecidos y los que están tocando las puertas del debut.

Al momento de redactar esta nota se contaban en 112 los peloteros cubanos vinculados -con contratos vigentes- a todos los niveles de las Mayores, una cantidad que supera los 95 existentes para el Día Inaugural del 2016.

Cuba, que se ha ratificado como el principal mercado emisor de talento por detrás de la República Dominicana y Venezuela, ha contado con 20 peloteros o más en los rosters de las Mayores de manera consecutiva desde el 2013, algo que no sucedía desde la década del 60.

Cuba, que era la principal fuente de personal fuera de Estados Unidos hacia las Mayores antes de la llegada del gobierno de Fidel Castro en 1959, tuvo su mayor cantidad de representantes en 1967, cuando 30 peloteros jugaron al más alto nivel.

A peloteros ya establecidos como José Abreu, Yasiel Puig o Yasmany Tomás deben sumarse otros como Yoan Moncada y Yoan López o Ariel Miranda, para poner tres ejemplos, mientras que en la lista de espera para firmar contratos se encuentran promesas como Héctor Mendoza y José Adolis García.

Como si fuera poco, a todas esas listas habría de sumarse la de los novísimos peloteros juveniles que se encuentran en Dominicana en proceso de obtener agencia libre y firmar acuerdos antes y después del 2 de julio, cuando se cierra y luego se abre un nuevo período para establecer pactos en el mercado internacional.



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